Los sedantes son fármacos que deprimen al sistema nervioso central y relajan el cuerpo. Hay 2 tipos: antipsicóticos y ansiolíticos.
Los primeros se usan en pacientes con enfermedades mentales severas para aliviar los delirios y alucinaciones. Las fenotiazinas son las sustancias que más se usan, y entre ellas destaca la clorpromazina.
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Como bloquean la dopamina neurotransmisora en el cerebro, reducen los síntomas psicóticos, aunque también pueden producir temblores y espasmos, entre otros efectos secundarios.
Por su parte, los ansiolíticos más comunes son las benzodiacepinas, entre los que se incluyen el diazepam, el clordiazepóxido y el alprazolam. Estos fármacos tienen un efecto calmante y aminoran la ansiedad y el temor.
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De ahí que las benzodiacepinas sean los medicamentos más recetados en el mundo. Mejoran la acción del ácido gamma-amino-butírico (GABA), neurotransmisor que impide la ansiedad reduciendo las transmisiones de los impulsos nerviosos en el cerebro.
Dado que se deprime la parte del cerebro que controla la actividad, los tranquilizantes nos hacen sentir somnolientos o con variantes más fuertes, nos pueden sacar totalmente de combate o caer en un coma inducido.
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Los sedantes se deben utilizar con sumo cuidado, además de ser vigilados por un especialista medico competente. Nunca auto recetar ningún medicamento de cualquier tipo.



