Un contingente de mujeres, hombres y niños; todos cansados con heridas y ampollas en sus pies, descansaron unas horas mientras llovía torrencialmente en Ulapa, Chiapas.
El martes pasado, elementos del Instituto Nacional de Migración y la Guardia Nacional mexicana desmantelaron de manera violenta la segunda caravana de migrantes en la localidad de Mapastepec, mientras que una tercera salió por la mañana con 500 migrantes de Centroamérica y Haití.
Leer más: SIP felicita Alianza de Medios de Comunicación en México
Esta caravana que partió desde Tapachula, lo hizo con miedo por los operativos violentos que realiza el Instituto Nacional de Migración sin acatar las recomendaciones de las agencias internacionales de derechos humanos.
El destino de estos migrantes es incierto, ya que los extranjeros con trámites de refugio ante la COMAR son muchos y el sistema está saturado hasta el próximo año. Asimismo, las ciudades fronterizas están saturadas de migrantes en espera de alguna resolución.
Leer más: Venezuela planea vacunar contra Covid-19 a niños a contar de octubre
Muchos migrantes no desean esperar y se aventuran en los peligrosos caminos desde la frontera sur de México hacía las ciudades más pobladas del centro y norte del país hasta los Estados Unidos.








